MUJERES DESTACADAS: MARIA EUGENIA MUROS

“DESDE MI LUGAR QUIERO APORTAR PARA EMBELLECER EL UNIVERSO QUE TENGO”

María Eugenia Muros, (o Eugenia, como la llaman todos), es mendocina de nacimiento y centenariense por adopción. El 3 de marzo cumplió 17 años trabajando en la Municipalidad de Centenario y es la responsable del cuidado y mantenimiento de la plazoleta de la segunda rotonda.

Todos los días, desde las 7 de la mañana, desde hace 17 años, pone sus manos y su corazón al servicio de los vecinos, y por eso, el 27 de marzo será reconocida como una de las mujeres destacadas de la ciudad, en el marco de las actividades programadas por el Municipio en el Mes de las Mujeres.

“Yo entré a la municipalidad en el área de cultura” cuenta María Eugenia, quien venía de estudiar en la escuela de cine en Mendoza. “Trabajé en el cine porque era lo que más se acercaba a lo que había estudiado, pero no era tan afín, porque tenía que hacer notas y no era lo que me gustaba”, agregó.

Una vez instalada en el Alto Valle, y mientras trabajaba en la Municipalidad, empezó a estudiar en la Facultad de Agronomía, y a partir de un proyecto de la cátedra de Parques y Jardines comenzaron a dictar cursos de capacitación a los distintos municipios. “Fue allí que una chica, que se enteró que yo estaba en la facultad, me convocó para hacer la poda en Centenario y así durante tres meses, en época invernal, empezamos con el arbolado de la ciudad donde estuve varios años”, explicó María Eugenia.

Ella cuenta con orgullo y destaca que su ingreso a ese sector marcó un quiebre en la presencia de las mujeres en esa área, monopolizada históricamente por los hombres, y explica: “Siempre digo que fui la primera mujer que entró a Espacios Verdes y la primera que pidió entrar a esa dirección. Porque después sí, llegaron otras mujeres derivadas de otros lugares, pero yo pedí estar ahí”.

“Al principio me costó, me costó mucho, me costó lágrimas, enojos, porque la gente no entendía cuando yo le pedía que no pisaran el césped. Muchos me insultaban, otros me preguntaban: ¿Cómo una mujer trabajando acá habiendo tantos hombres? También me paraban y me preguntaban si estaba castigada en ese lugar, o por qué no pedía estar en una oficina, por mis estudios. Pero yo les decía que yo amaba ese lugar, y lo sigo amando, y pienso que voy a seguir estando en la rotonda hasta que me jubile”, dice orgullosa María Eugenia.

Desde su llegada a Centenario, proveniente de su Mendoza natal, y mucho antes de ingresar a la Facultad y de ser empleada municipal, Eugenia ya se había empezado a involucrar como una simple vecina en el tema del cuidado de los árboles y recuerda: “Yo llegué a hablar con el gerente del EPEN, hasta junté notas con los vecinos, porque no podía creer lo que hacían con los árboles, todo eso me fue llevando a ir a la facultad para aprender las técnicas de poda, porque yo no nací jardinera, yo fui aprendiendo”.

“Fue una lucha constante y un aprendizaje. Porque ahí donde yo estoy es agua salada, es agua de pozo, y técnicamente no podía crecer nada, pero sin embargo he puesto flores, se ha podido mantener el césped, y eso es por la dedicación, por el amor que le pongo todos los días. Y además cuando necesitan que vaya a otro lugar a podar, o a poner plantas, o hacer algún arreglo, me voy a otras plazas”, agregó.

María Eugenia admite que en los últimos años se le ha dado más importancia al rol de las mujeres, conquistando muchos lugares que antes eran ocupados solo por hombres. “Antes yo era la única que usaba mameluco, usé durante muchos años, ahora por ejemplo ya se ve a las chicas de las empresas petroleras usando mamelucos, y antes eso no se veía”.

También reconoce, que muchas veces a los hombres no les agrada que la llamen para realizar tareas en otros lugares, cuando requieren de su experiencia y sus conocimientos en la poda de árboles. “Ellos saben que si hay una poda soy yo la que tengo que ir, he hecho la cura durante muchos años de los olmos en la San Martín, por ejemplo”, y aclara: “Lo que yo creo es que yo hice muchos cursos, y ellos también han tenido la posibilidad de hacerlo y no lo han hecho”.

María Eugenia no puede evitar emocionarse y el indisimulable brillo de sus ojos acompaña sus palabras cuando habla de todos estos años transcurridos en Centenario: “Yo hace 17 años que vengo peleándola, y hay algo que recuerdo todos los días de mi vida, que me dijo mi hijo cuando tenía 5 años. Él me dijo: “Mamá, yo no tengo la culpa de que vos vengas enojada”. Porque muchas veces me lleve a mi casa insultos, o maltratos y mi hijo me enseño a mirarlo de otra forma, a entender que hay cosas que no puedo cambiar, que hay cuestiones culturales acá, que yo no las voy a cambiar, que están establecidas así”. Pero inmediatamente, aclara, quizás anticipándose a posibles malinterpretaciones. “Yo tengo mucho para agradecerle a Neuquén, mi hijo nació acá, y por eso, desde mi lugar quiero aportar para embellecer el universo que tengo, y eso busco todos los días. Mirar hacia atrás, cuando ya sea viejita, y decir: Bueno, quedó mi huella aquí, quedó algo de lo que yo hice…”.

Por último, María Eugenia Muros, les pidió a las mujeres “que no se dejen avasallar, que sigan en el camino que emprenden, y que, si tienen una convicción, sigan en ese camino”, y a modo de reflexión final agrega: “Yo creía que mi vocación era el cine, y con el tiempo me di cuenta que en realidad esto es lo que amo”.